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Si se resumiera la historia del Universo en un año, este se habría fundado en el primer segundo del primero de enero; la vía láctea aparecería en mayo; en junio, julio y agosto surgirían otros sistemas planetarios; pero el Sol y la Tierra florecerían hasta mediados de septiembre, y así la historia humana se resume al último minuto del 31 de diciembre. Piense por un momento que en menos de un minuto del hombre en la Tierra, ha hecho lo suficiente para dejarla en estado de alerta ¿Queda un minuto más para salvarla?


Escrito por: Carolina Tobar Amorocho


El hombre en la Tierra

 

Esto no solo se trata de un tema medioambiental, es un tema en el que convergen todos los ámbitos que nos componen como sociedad mundial, como raza, como seres humanos. Al hablar de esa unidad, automáticamente se llega al tema de cultura, y la cultura es la base para los desarrollos sociales, pero para lograr un desarrollo sostenible hay que construir desde una cultura diversa en donde prime lo colectivo sobre lo individual, donde haya equidad, entendida como la equiparación de oportunidades y no la igualdad total. En la diversidad está la belleza y Colombia es un país pluricultural, está en la esquina de un continente donde se cruzan los mares y las culturas; con raíces indígenas, afrodescendientes y europeas.

 

Para el padre Camilo Bernal Hadad, uniandino y vicepresidente de la Corporación Minuto de Dios, la equidad es un tema que tiene una amplia relación con la cultura: al hablar de equidad, yo pienso que lo primero que tenemos que tener es equidad con la composición cultural de nuestro país y de llegar al reconocimiento de las otras culturas, al respeto de ellas y que eso nos permita trabajar por un país que tenga en la base el respeto y la aceptación de la diferencia del otro para poder avanzar”.

 

En ese sentido, si los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) están planteados como un propósito para hacer de este mundo uno mejor, con mayor inclusión, equidad y sostenibilidad, se debe hacer un esfuerzo importante desde todas las disciplinas por ubicar en el centro al individuo, al ser humano, y en torno a él, todo lo demás. Cuando el ser humano no es el centro, las correlaciones entre las distintas disciplinas tienden a tirar cada una por su lado. Cuando el centro es la persona, todo converge al desarrollo del individuo, porque si hay individuos bien alimentados, con buena salud, que tienen acceso al agua potable, que tienen un trabajo digno, que tienen un techo digno, etc., toda la sociedad va avanzando de una manera equitativa”, afirma el padre Camilo.

 

El empoderamiento de los seres humanos parte del reconocimiento de la persona, es decir, de tener la capacidad de admirar en el otro sus valores, lo que piensa y lo que cree, en síntesis, lo que él es, no lo que alguien crea que deba ser. Es desde la cultura del encuentro que, para el sacerdote eudista, surgen los verdaderos empoderamientos actuales para tener un mejor desarrollo y más equidad.

 

Por su parte, para Eduardo Behrentz, vicerrector de Desarrollo y Egresados de la Universidad de los Andes, los elementos necesarios para que seamos una comunidad inician por un reconocimiento de valores comunes, un credo, unos principios fundamentales. Con esa plataforma, cada uno desarrolla lo que tiene que hacer como comunidad y como miembro de una sociedad. Si se logran valores comunes, eso determina el camino hacia adelante. Y en este panorama el rol de la academia está en apropiar esos valores, en cómo se reconocen y practican.

 

La educación es, sin duda, uno de los elementos fundamentales para equiparar oportunidades. Para Behrentz, además de tener las oportunidades es necesario trabajar por la excelencia: “en mi concepto, lo que necesitamos es excelencia, la educación de calidad no se logra sin excelencia, sin una exigencia alta, sin unos excelentes profesores, sin un método de selección donde uno tenga excelentes estudiantes, sin tener métodos de excelencia en la pedagogía que hacemos”.

 

La excelencia es un valor que genera principios y los principios guían acciones. La calidad de la Universidad de los Andes es indiscutible, es una de las mejores de Colombia y una de las 10 mejores de América Latina. Pero además, sus niveles de inclusión tienen hoy cifras ejemplares, más del 40% de los estudiantes que ingresaron en los primeros semestres de 2017 reciben becas o ayudas financieras tipo Ser Pilo Paga o Quiero Estudiar.

 

“Una educación de calidad nos hace mejores ciudadanos, nos hace mejores profesionales, seguramente mejores personas y si eso pasa y le ocurre a una mayor cantidad de personas, pues somos mejores como conjunto”, asegura Behrentz.

 

La educación, la ciencia y la tecnología son las que abren la puerta hacia la equidad en la construcción de un país donde realmente cada persona pueda desarrollar su talento y sus intereses. En ese sentido, si cada persona está preparada y disfruta lo que hace, construirá no solamente su vida, sino que ampliará ese radio de acción a la sociedad que lo rodea.

 

Sin embargo, para la uniandina Nohora Elizabeth Hoyos, quien hizo parte del colectivo de científicos que lideró la fundación de Maloka, a Colombia le falta mucho para poder desarrollar proyectos de impacto en materia de ciencia. El presupuesto es reducido y las oportunidades son pocas. “El país todavía no ha entendido que el conocimiento es transformador social. Cuando analizamos, por ejemplo, que es un país agrícola y vemos la precariedad con la que se trabaja en el campo, que la mayoría de equipos son obsoletos o que la biotecnología –que debería ser uno de los temas más importantes de este país, pues somos el segundo más biodiverso del mundo- no está a la altura de lo que necesitamos y podemos, entonces vemos que no son políticas públicas fuertes”.

 

La ciencia y la tecnología son las que, en gran medida, dan información y  herramientas para el desarrollo sostenible. La ciencia abre las puertas para entender qué es lo que le está pasando a la tierra y la tecnología es un mecanismo para cambiar lo que está ocurriendo, para generar soluciones masivas y de alto impacto, pero si no se alinean con actitud y acciones ciudadanas no servirán.

 

“El problema en Colombia es que no hay una suficiente conciencia de la trascendencia del tema. Los esfuerzos tienen que ser público-privados, tiene que haber gobernantes que le apuesten a largo plazo y tiene que haber empresarios que arriesguen y le apuesten a la innovación. Para esto necesitan la base cultural que les permita arriesgar, innovar, abrir camino, para que ocurran los cambios”, afirma Hoyos.

 

¿Hasta dónde llegará ésta generación?

 

En 1950 se inició la Gran Aceleración, un periodo que los científicos denominaron así porque hasta ese año todo lo que crecía de forma constante, creció de forma exponencial. Los recursos parecían ilimitados, tanto así que se realizaron pruebas atómicas en el Pacífico y en el Sahara, y a nadie le importaban las consecuencias. Es la generación del derroche, que creció con excesos y educó de esa forma. Esto contó en un artículo para Semana Sostenible la uniandina Carolina García Arbeláez, experta en temas ambientales y líder de sostenibilidad en Bavaria para Colombia, Perú y Ecuador. 

 

Hoy quizá estemos viviendo las consecuencias de nuestras acciones, estamos consumiendo 1,6 planetas, en lugar de 1, y nos enfrentamos a una crisis denominada cambio climático, que podría entenderse como una perturbación a nuestro sistema climático. Los fenómenos de variabilidad climática se vuelven más intensos, más frecuentes y más impredecibles, y crean consecuencias cuyas dimensiones no conocemos. “Con los últimos desastres naturales, la Tierra nos quiere decir que estamos alterando el sistema y que nosotros somos frágiles y vulnerables como especie”, afirma Carolina.

 

El problema de esa vulnerabilidad, desafortunadamente, es que es injusta. Entonces no necesariamente son más vulnerables los que más contaminan, “eso depende de la ubicación en el planeta, hay sociedades que van a ser más vulnerables y más impactadas que otras. Los pequeños estados insulares del pacífico, cuya contribución al cambio climático no es la más significativa, van a tener unos impactos muy significativos. Ya hay islas como Kiribatí que saben que es altamente probable que en este siglo se hundan y les toque mover todo el país, a otro país”, cuenta García.

 

La alerta es tan alta, que en días pasados 15.372 científicos provenientes de 184 países se unieron para advertirle por segunda vez al planeta que la salud y el bienestar humano actual y futuro están en grave riesgo debido al cambio climático, la deforestación, la pérdida de acceso al agua dulce, la extinción de especies y el crecimiento de la población humana. La primera vez que alertaron a la humanidad transcurría el año 1992, y en ese entonces solo 1.700 científicos, la mayoría ganadores del Premio Nobel de Ciencias, se unían para advertir que los impactos humanos sobre el medio ambiente ponían “en serio riesgo el futuro que deseamos para la sociedad humana”.

 

Según la declaración del ecologista de la Universidad Estatal de Oregón, William Ripple, al diario Motherboard: “Desde 1992, las emisiones de CO2 han subido un 62% y la temperatura global se ha incrementado en 29%”. Esto no es todo, la cantidad de agua dulce por habitante se ha reducido en un 26% en los últimos 25 años, también se han perdido 120 millones de hectáreas de áreas forestales y las áreas muertas en los océanos se han incrementado en un 75%.  

 

Para Carolina García, una de las necesidades más grandes de la sociedad es empezar a tomar decisiones basadas en la ciencia. Actualmente, la información científica es abundante, precisa y accesible, pero aun así gran parte de las decisiones están desligadas de esa información. “Por ejemplo, en el Acuerdo de París sobre el cambio climático, la meta global es mantenernos muy por debajo de 2 grados del aumento de la temperatura global promedio, cuando la ciencia nos está diciendo que eso ya es muy alto. Eso fue una decisión política, no científica, un consenso que se logró políticamente, pero que la ciencia nos dice que ya es un escenario muy peligroso”, afirma García. 

 

Colombia se ha caracterizado por ser siempre líder en las negociaciones internacionales sobre temas ambientales, sin embargo, el país todavía no ha ratificado el Acuerdo de París y es algo que debe realizarse de manera urgente. “No es posible que seamos considerados líderes y ya haya 169 países que han ratificado el acuerdo y nosotros no seamos uno de ellos. Hasta Nicaragua que se opuso rotundamente y era la piedra en el zapato lo ratificó; Colombia no tiene excusa para no haberlo hecho”, asegura Carolina García.

 

El proceso de ratificación en Colombia es complejo, debe pasar cuatro debates en el Congreso, ir a revisión de la Corte Constitucional, que es donde está actualmente, luego pasa a sanción presidencial y finalmente el Gobierno puede depositar el instrumento de ratificación.

 

“Acaba de salir un informe de la convención de la Naciones Unidas sobre el cambio climático, donde se establece que si los países cumplen con todo lo que se comprometieron en el Acuerdo de París y cumplen a cabalidad, en este siglo nos aumenta la temperatura global promedio en 3 grados y nosotros sabemos que luego de 1,5 es nefasto, de hecho, nos hemos calentado cerca de 0,85 grados y ya estamos viendo los impactos, imagínese en escenarios de 3 grados”, alerta la experta en cambio climático.

 

Pero esta alarmante situación es algo que no se puede ver como una rueda suelta en el camino, no es responsabilidad de ciertas disciplinas o personas, es responsabilidad de todos. En primer lugar, hay que reconocer que se es parte del problema, para poder ser parte de la solución.  Cada individuo puede aportar desde sus capacidades y conocimientos. Para el padre Camilo Bernal, las pequeñas acciones en la vida cotidiana pueden conducir a pequeñas transformaciones: “yo creo que el valor de las pequeñas cosas puede generar grandes revoluciones siempre y cuando se persevere y uno se comprometa con la causa. Las grandes transformaciones siempre nacen de acciones pequeñas”.

 

Los ODS están orientados a mejorar las condiciones de vida de las personas más vulnerables. ¿Y por qué? Porque son los que sufren el mayor impacto. Cuando se le pregunta al padre Camilo, a Eduardo, a Nohora y a Carolina sobre el rol de los uniandinos frente a la problemática, todos responden sin titubeos que el privilegio siempre viene acompañado de una gran responsabilidad, y la responsabilidad de ellos es llevar a cabo acciones que contribuyan a mejorar las condiciones para poder disfrutar más tiempo del planeta Tierra.

 

Los valores son los que tejen cultura y los que hacen que los individuos de una comunidad actúen de una manera determinada. Entonces es un deber trabajar en pro de formar una cultura que forme personas sostenibles y equitativas para lograr un mejor país. Es tiempo de asumir la responsabilidad frente al futuro del planeta. El gran riesgo, como decía el expresidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, es ser parte de “la primera generación en sentir los efectos devastadores del cambio climático y la última que puede hacer algo para revertirlo”.

 

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