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Escrito por: Yulieth Mora


Corp-Oraloteca: así suena el pacífico

En 2010 se fundó la Corp-Oraloteca, un grupo de investigación de la Universidad Tecnológica del Chocó ubicado en Quibdó que se encarga de salvaguardar las manifestaciones de la tradición oral, sonora y corporal de los pueblos del Pacífico colombiano. Semejante hazaña fue posible gracias al liderazgo de la antropóloga Uniandina Ana María Arango y, por supuesto, a un equipo de cómplices que la ha acompañado durante estos últimos 6 años.

Hoy el inventario de la Corp-Oraloteca se acerca a 3.600 LP, 600 CD y un sinnúmero de videos de agrupaciones en diversos escenarios, recortes de prensa, partituras, libros e investigaciones. Durante este tiempo, se ha convertido en el espacio de encuentro de la comunidad y la academia, y su agenda abierta gira en torno a las tertulias artísticas, conversatorios, performance, programas de radio y proyección de documentales que recogen buena parte de las investigaciones realizadas.

Por su trabajo, la Uniandina y directora de la Corp-Oraloteca se hizo merecedora del primer lugar en la categoría general del premio Antropología Visible, otorgado por el Capítulo de Antropología de Uniandinos en 2014. Además, Arango es candidata a PhD en Antropología Social de la Universidad de Barcelona y vive en la capital del departamento del Chocó desde hace 8 años, donde también se desempeña como investigadora de la Asociación para las Investigaciones Culturales del Chocó (ASINCH) y como docente de la Universidad del Chocó.

Ana María, que no es chocoana pero se siente como una viviendo en su territorio, no se demoró en entender que una de las grandes características de los habitantes del Pacífico es la resistencia; y cómo refutarlo si hace apenas un mes los chocoanos lograron que el Gobierno Nacional se comprometiera con un pliego de peticiones gracias a un paro cívico que se extendió por 8 días y que terminó con la firma de un acuerdo entre las partes que exigía apenas lo justo: inversión

en carreteras, la construcción de un hospital de tercer nivel, conexión a energía eléctrica, infraestructura educativa, entre otros.

“Para mí esa idea de resistencia que está en su discurso desde la infancia, esa idea en la que ellos no aceptan por nada la debilidad, es muy grande. Tienen la capacidad de sacar un chiste, de soportar. La gran riqueza del Chocó es la resiliencia que ellos tienen para adaptarse, con una sonrisa sincera, a lo que venga”, dice Arango.

Recientemente, esta Uniandina y su equipo acaban de lanzar, en Quibdó, el documental Los hijos del Okendo, que muestra cómo los niños indígenas y afrodescendientes aprenden las labores tradicionales y cómo se desenvuelven en sus territorios. Este documental, que en algunos meses se proyectará en Bogotá, le permitió a su equipo entender y dimensionar las riquezas de estas poblaciones, desde la primera infancia, y reafirmar que Colombia es un país tremendamente centralista y aún con muchos dejos de racismo. “Creo que hablamos de una manera muy alegre de lo que significa el patrimonio cultural… pero hay una doble moral en donde el Gobierno dice: ‘aquí lo importante son las Pruebas Saber, necesitamos medir el conocimiento de los niños y esa es la forma de hacerlo’, pero estos niños tienen otras inteligencias”, explica Arango.

Estas inteligencias permiten que los niños con solo ver el movimiento del agua en el río puedan detectar si viene una balsa y hasta quién la está manejando, que por la sensación de su piel sepan que viene una serpiente o que conozcan el nombre de cada planta y puedan indicarle, con total seguridad a cualquiera, qué beneficios medicinales tiene. “Eso no está en las Pruebas Saber… pero sí les estamos exigiendo que se encierren a estudiar Matemáticas e Inglés y que se sientan afectados e indignos de ser quienes son. Tenemos un montón de niños indígenas y campesinos que no quieren ser lo que son, porque todo el sistema les está diciendo que eso no vale”, afirma Arango sobre los hallazgos de la investigación.

Ana María y su equipo siguen trabajando día a día para resaltar y revivir la oralidad y la corporalidad de una región talentosa, que tiene una perspectiva de la realidad distinta; una que debe ser abordada desde la visión más humilde y respetuosa por parte de la academia y las instituciones del país, “es impresionante el talento que hay en la región y es igual de impresionante la falta de oportunidades. Tengo estudiantes que de un día para otro practican en el chelo y el contrabajo; y en dos meses están tocando sus instrumentos. De hecho vinieron unos españoles a trabajar con la Sinfónica Libre de Quibdó y dijeron que un repertorio que se demoran dos años trabajado en cualquier parte del mundo, con estos niños lo sacaron adelante en tres meses”, cuenta Arango, que no se cansa de trabajar para que el Chocó siga sonando.

Conéctese con la Corp-Oraloteca

 

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