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Recurre a su memoria con un gesto en los ojos y repite la frase que su mamá le dijo mientras le amarraba los zapatos y le abotonaba la camisa —una acción que era recurrente desde un mes atrás cuando César había tenido un accidente y se había quebrado una vértebra—: “Yo nunca pensé que un hijo mío fuera a estudiar en la Universidad de los Andes”.


Escrito por: Yulieth Mora


Sigue siendo un recuerdo vivo. Para César Salamanca, fundador de la PAZcicleta, así empezó el primer día en que asistió como becario del programa Líderes por Bogotá, creado por la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo y la Fundación Liderazgo y Democracia. Eso fue en 2013. Eso fue en la Universidad de los Andes.

 

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Le pide al público: “Levanten la mano todas las personas que se acuerden cuando aprendieron a montar en bicicleta”. El auditorio en pleno sube sus manos y se escuchan algunas risas. “Ahora ¿quiénes se acuerdan de haberse caído?”, dice César. Se aprecia la misma cantidad. “Déjenla arriba los que se acuerden de haberse levantado”, casi las mismas manos permanecen. Eso fue en 2014, durante el TEDxBogotá.

 

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“La PAZcicleta nació como un sueño de los que uno tiene dormido. No como una idea inspiradora, no. Escuché a Dios: ‘vas a hacer la bicicleta de la paz’”, explica César. Cuenta que se levantó y anotó en un papel “La PAZcicleta”. En los siguientes días diseñó una idea de negocio social y casi como un milagro aparecieron personas diciendo “yo creo en ese sueño”, “yo la diseño”, “yo la fabrico”.

 

Expuso su idea en la Universidad de los Andes por primera vez, en el cierre de su beca Líderes por Bogotá. Al final de su intervención, los becarios y profesores le dieron un espaldarazo desde la opinión y le dijeron que su idea tenía salida en los temas de paz, cultura, movilidad, salud y pedagogía.

 

Un profesor le compró una bicicleta. Le dio hora, fecha y dirección para que llevara el pedido. Así lo hizo. La dirección era del Gaula de la Policía Nacional. Se trató de la primera entrega pública de una PAZcicleta, la Asociación de Vecinos del Barrio Chicó Norte en Bogotá, de la que el profesor hace parte. Se la entregó a la Policía Nacional para que hiciera sus rondas por el sector pedaleando. Una reconciliación entre vecinos y uniformados. Todo empezaba a rodar.

 

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El aro de la rueda trasera es rojo. Rojo intenso. Representa la violencia. Las ruedas están cubiertas de blanco, que representa el perdón, y la rueda delantera marca el camino. En el marco blanco de la bicicleta puede leerse desde lejos PAZcicleta. Es una bicicleta grande, la todoterreno que todo niño soñaría tener, ese regalo de Navidad que esperan destapar, sobre todo cuando se caminan entre una y cuatro horas diarias para ir al colegio que queda en la otra vereda. Es lo que pasa en miles de zonas rurales de Colombia.

 

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Al principio César solo quería ver PAZcicletas por todos lados. Llevó su prototipo pionero hasta el Puente de Boyacá y fue una sorpresa cuando la bicicleta quedó perfectamente ajustada en el puente; 2 milímetros más hubieran impedido la perfección. Hoy los proyectos van más lejos. Van desde fundar un equipo de ciclistas —y sabe el reto que eso significa en este país— hasta hacer una carrera de ciclismo por la paz, año tras año.  A César le brillan los ojos, se pone pensativo y mira a un punto lejano, como un lugar que no existe, mientras dice lo que quisiera, lo que proyecta. Para la carrera se imagina tener invitados que sean glorias del deporte que le ha dado tanta esperanza al país. Se imagina a Cristóbal Pérez, campeón de la Vuelta a Colombia en 1982, y por él traería a Nairo Quintana para liderar la comunidad Soy PAZciclista. Una vuelta a Colombia por la paz.

 

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En un par de meses, César Salamanca dejará de hacer parte del equipo de la PAZcicleta. Seguirá siendo su Fundador pero no participará de manera directa con el proyectó que soñó sobre la almohada, que hizo realidad y que rodó por toda Colombia. Ha conformado un equipo nuevo de emprendedores que van a orientar la marca y el concepto. Andrea, Juan y Natalia serán los que avancen con el reto de formar líderes de paz. César no va a dejarlo porque quiera, sino porque la vida se lo ha puesto así, pues la gente le confió sus votos y hace poco se posesionó como edil de la localidad de Suba en Bogotá. Es una labor que merece toda su energía y enfoque: “Tengo que ser coherente y la PAZcicleta no es un tema político”, dice.

 

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Las dificultades aparecen al doblar la esquina y no hubo excepción para la PAZcicleta, ni lo habrá para la paz, pero César ya se ha levantado muchas veces con la misma fuerza que cuando se cayó por primera vez tratando de montar en bicicleta. A la PAZcicleta ya le han puesto trampas, le han dicho “le doy treinta millones y déjeme asociarme”, e incluso en plena campaña política a la PAZcicleta se han subido candidatos presidenciales que han tenido que bajarse para evitar el daño. Al proyecto le ha tocado frenarse: han intentado sustituir el nombre de su fundador y lo han demandado por las últimas cinco letras de su nombre que son iguales a las de una marca privada. A César le ha tocado caerse muchas veces y le ha tocado levantarse otras tantas.

 

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Hay muchos sueños que hoy son metas tangibles. Ya existe un taller para líderes de comunidades que se llama Soy PAZciclista. Ya están las compras de Pazcicletas por Internet desde cualquier lugar del país; ya existe la posibilidad de comprar una bicicleta o accesorios para ciclistas y donar una parte del dinero para que un niño del país pueda pedalear e inspirar el cambio en sus comunidades. Ya el programa Pedaleando Sueño de la Fundación Bavaria y la Agencia Colombiana para la Reintegración ha entregado más de 500 bicicletas a niños del país para llevar la bicicleta, un juguete, como una herramienta para construir la paz. Ya se ha hecho mucho. Siempre puede hacerse más.

 

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Va a casarse pronto. Hace un par de años se convenció de que su mensaje al mundo era llevar paz, no solo la que unos decidan firmar. Se metió en la cabeza que había que cambiar las narrativas y usar la bicicleta como herramienta para formar líderes. Sabe que quien pedalee sobre una PAZcicleta está declarando que no quiere guerra, que es un líder, que tiene un sueño –vivir en paz– y que va a intentarlo a pesar de las veces que caiga.

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