SUSCRIBASE

Siempre ha querido presentar una visión global de la historia colombiana, integral, equilibrada y tranquila. Siempre le ha obsesionado lograr que la historia sea para todos, no solo para profesores universitarios y escrita en lenguaje sofisticado.


Escrito por: Redacción Séneca


En el marco de la conferencia “Historia mínima de Colombia”, sobre el libro que lleva el mismo título, su autor, Jorge Orlando Melo, nos atiende muy dispuesto con el ánimo de darse a conocer más allá del historiador, profesor y periodista que ha sido durante su vida profesional. Nacido en Medellín en 1942, estudió becado en el colegio Jorge Robledo de su ciudad natal. Un colegio privado, laico, elegante y del cual su tío era el vicerrector. Era considerado el ‘nerd’ de la clase, el que ganaba los puntajes más altos y quien competía en representación de su institución contra otros estudiantes de colegios como el de Antioquia y el San José. En quinto y sexto de bachillerato publicó la revista y periódico del colegio y fue encontrando su amor por escribir y leer, a tal punto que terminó metido en el mundo de la literatura y con ganas de estudiar letras y filosofía. No quería tener nada que ver con matemáticas a pesar de ser el mejor de su clase.

Se fue a vivir a Bogotá y entró, finalmente, a estudiar filosofía en la Universidad Nacional, dice él, “porque en Medellín en esa época, estudiar filosofía era para las mujeres. Entonces me vine a la Nacional y me gradué. En ese momento había un historiador muy importante, Jaime Jaramillo Uribe, y me hice muy cercano a él. Jaime empezó a sacar una revista y desde que yo estaba en segundo o tercer año trabajé en ella, siendo secretario de redacción. Ahí empacaba las cartas y las enviaba al correo. No era mucho, pero me terminó vinculando.

”Fue él quien me atrajo al tema de la historia. Luego me fui a estudiar a Estados Unidos una maestría, pero yo no sabía qué era realmente lo que iba a hacer. Yo tenía una beca automática por ser el mejor estudiante de la carrera y con esa beca yo podía elegir qué estudiar y dónde. Yo escogí dónde porque mi señora se iba para allá, para Carolina del Norte, y ya tenía pensado inscribirme en teoría política, pero apareció un señor y me preguntó de dónde era. Yo le dije que de Colombia, y él comenzó a hablarme de sucesos y personajes de nuestra historia y me preguntó que por qué no estudiaba historia. Me recomendó inscribirme a dos cursos. Me convenció; me metí a estudiar y ahí fue cuando terminé cambiando mi decisión”.

Cuando terminó su maestría, empezó a trabajar como profesor enseñando historia en varias universidades, y después, por razones inesperadas, terminó enredado en otro tipo de trabajos. Estuvo vinculado en el gobierno del expresidente César Gaviria. No era muy cercano a él, pero lo conoció porque fue jurado de su tesis en la Universidad de los Andes. Con él trabajó como consejero de Derechos Humanos, un área que en ese momento era mucho más fuerte por la idea que la comunidad tenía de que el consejero era el representante de la sociedad contra el Gobierno. Después, se devolvió a Medellín para trabajar en el mismo cargo, pero de dicha ciudad. Sin embargo, fue complicado, porque en ese momento estaba Pablo Escobar recién escapado de la cárcel. Y le tocó vivir esa parte de violencia, trabajando en la conceptualización y desarrollo de medidas de tipo preventivo, compromiso social y medidas policiales sofisticadas.

“Además, durante mi etapa en la consejería hicimos más de 20 colegios públicos, algo así como lo que hizo Peñalosa en su primera administración de Bogotá creando todos esos colegios nuevos. Eso lo hicimos en Medellín en el año 1993. Me tocó la construcción y la inauguración de esos colegios. Hicimos un esfuerzo para que los jóvenes tuvieran oportunidades de empleo. Creamos una red de bibliotecas, 39 exactamente, que en esa época eran bastantes, y fueron las primeras en el país que tuvieron computadores para hacer cosas sencillas, porque todavía no había internet. Algo bien acogido por la comunidad”.

Trabajó en Medellín hasta 1994 y luego volvió a Bogotá, en donde un colega suyo, Miguel Urrutia, siendo gerente del Banco de la República, lo invitó a ser director de la Biblioteca Luis Ángel Arango, después de conocer lo que él había hecho en las bibliotecas de Medellín y en la de la Universidad del Valle. Para asumir esta función, tuvieron que cambiar el nombre de su cargo, porque legalmente no tenía un título en Bibliotecología. Así que fue nombrado jefe de Bibliotecas y Museos del Banco de la República, un cargo con influencia sobre todas las bibliotecas y museos del Banco en el país. Como tal, fundó ocho bibliotecas nuevas. En 1995 impulsó la digitalización de los documentos de consulta. En una reunión en Colciencias con un encargado de la Universidad de los Andes, supo que en la Universidad acababan de comprar un acceso a una red de consulta –antecesor de internet– y que podían colocarlo en las bibliotecas, permitiendo así ofrecer un catálogo de fácil acceso para ser consultado en las diferentes partes del país, siendo este el primer catálogo de biblioteca en línea en Latinoamérica. Desde ese momento la Luis Ángel se quiso consolidar como una biblioteca virtual; más que todo porque en ese entonces la biblioteca pasaba por dificultades de espacio. Por ejemplo, llegaban a veces grupos muy numerosos de niños a hacer tareas sencillas como averiguar una fecha histórica. Con la digitalización se les ahorraba la ida, liberando espacio. “Yo conté esta historia en Europa y se reían, porque ellos querían atraer gente, y a nosotros nos tocaba alejarlos. Un día la biblioteca tuvo 22.000 visitantes”.

En el 2005 se jubiló, y desde entonces ha estado dedicado a escribir y publicar cosas relacionadas con la historia de nuestro país. Durante un tiempo se dedicó a ser columnista, pero lo dejó para terminar su más reciente obra: Historia mínima de Colombia. “Publiqué este libro hace dos años y ha sido bastante exitoso. En la práctica, he estado entretenido complementándolo a través de mi página web con cientos de cosas adicionales. Por ejemplo, la colección de documentos sobre historia de Colombia con narraciones de la época misma. Además, cosas que había coleccionado durante toda mi vida y de las cuales también saqué un libro. Pero escribiendo mi libro encontré historias completamente locas. Una de las que más me gustan es la del primer español que naufragó en San Andrés, quien estuvo ocho años viviendo con un muchacho alimentándose de tortugas, haciendo ropa con focas y, cuando finalmente llegaron unas personas, el muchacho se terminó yendo con ellos, pero este hombre vio que la barca se hundiría y terminó saltando, devolviéndose para la isla. Posterior a esto el rey de España lo mandó llamar, y él fue a Sevilla y habló con el encargado de hacer los mapas de navegación y le dijo que había más islas además de San Andrés y Santa Catalina, y que por eso los barcos chocaban. Este hombre, llamado Pedro Serrano, sabía con exactitud todo y podía decir dónde estaban ubicadas, y en las siguientes cartas de navegación se incluyeron dos islas con su apellido: Serrana y Serranilla. Esta historia era conocida, y se publicó en España en 1830, pero no en Colombia, a pesar de que tenía que ver con San Andrés. He estado entretenido con historias de este estilo y llenando la página web con mucha información relevante de nuestra historia”.

Siempre ha querido presentar una visión global de la historia colombiana, integral, equilibrada y tranquila. Siempre le ha obsesionado lograr que la historia sea para todos, no solo para profesores universitarios y escrita en lenguaje sofisticado. Con estos objetivos fundó la revista Credencial Historia, en donde publicaba artículos con lenguaje sencillo. A raíz de esto, fue contactado por el Colegio de México, el cual había publicado “historias mínimas” de Argentina, México, España, pero no de Colombia. “Me llamaron para saber si yo la podía escribir. A los seis meses me contacté con el encargado y me puse de acuerdo con él y fijamos una fecha de entrega, para comienzos de 2017, pero cuando empecé a escribir sentí que me faltaba un año largo y que debía dedicarme de lleno a eso. Mi primer borrador tenía 700 páginas y tenía que ser de 300. Mi señora decía que tenía 900. Ella me ayudó mucho a reducirlo. El trabajo de recortarlo fue muy complicado, en especial decidir qué se quedaba por fuera, porque muchas cosas no cabían. Por ejemplo, los personajes extranjeros que fueron importantes en nuestro país. Estos no han sido tantos como en otros países, pero hay empresarios y mineros de gran importancia; y quedó ese hueco”.

Jorge Orlando Melo piensa seguir ampliando su documentación, que ya suma más de 2.000 páginas de textos sobre la historia de Colombia en su página web. Para este año espera superar las 3.500, entre los documentos que son descriptivos y entretenidos, aunque seguro habrá otros legales pero que igualmente son importantes para conocer la manera como hemos crecido como país.

*          *          *

 

Otros articulos de esta edición

Este es Jorge Orlando Melo, un apasionado por la historia de nuestro país.

Edición 46 | 42 visitas
Artículos relacionados

Este es Jorge Orlando Melo, un apasionado por la historia de nuestro país.

Edición 46 | 42 visitas