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La vida de Gonzalo ha estado marcada por dejar una huella y un legado en todo lugar donde se ha desempeñado. Su liderazgo y compromiso han sido características que ha puesto en favor de la sociedad desde que empezó su caminar en la Universidad de los Andes y que hoy pone al servicio del país como Viceministro de Defensa para el Grupo Social y Empresarial de la Defensa (GSED).


Escrito por: Emerson Martínez Velásquez


Su día es largo porque se vuelve noche. Para él es difícil salir temprano por la cantidad de citas y reuniones, una tras otra, prácticamente desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. De golpe alcanza a almorzar un sándwich o algo así, rápido. Sin embargo, Gonzalo Muñoz Arboleda saca un tiempo para hablar un poco sobre su vida. Según él y los que lo rodean, tiene la facilidad de tratar con la gente, ama trabajar en equipo, le gusta ejercer liderazgo y, por sobre todo, escuchar a las personas. No permite que haya discusiones sino opiniones. Tan solo con entrar en su despacho y ser recibido por las personas que trabajan a su lado, se nota que no tiene un espíritu autoritario. Y esto le ha dado buenos resultados en su vida, su trayectoria profesional y los siete meses que lleva como Viceministro de Defensa para el Grupo Social y Empresarial de la Defensa (GSED).

 

Nacido en Montreal, Canadá, vivió sus primeros años en Portugal y en el Líbano, pero a pesar de su aspecto internacional de tez blanca, cabello claro y ojos azules, es más colombiano que el café. A la edad de cuatro llegó a Colombia para residir con su familia en Popayán, de donde es originaria. Permaneció en la capital del Cauca hasta los diez años, y siempre se destacó entre sus primos y amigos por el acento árabe heredado de su paso por Beirut. Allí estudió su primaria hasta que la familia se trasladó a Bogotá, en donde Gonzalo ingresó al Colegio Helvetia, aunque nunca ha perdido sus fuertes vínculos con Popayán.

 

Empezó su camino profesional en la Universidad de los Andes, donde inicialmente se matriculó en economía, pero tan pronto abrieron la facultad de Ciencia Política decidió cambiar de carrera. Finalmente se graduó de Derecho, tras haber realizado todo el currículo de Ciencia Política. Desde entonces, Gonzalo conserva el alma uniandina, y su vida siempre ha seguido ligada a la Universidad de los Andes. Su padre, Reinaldo Muñoz Zambrano, fue rector de la Institución entre el año 1967 y 1968, falleciendo en ejercicio de su cargo a causa de un infarto, cuando Gonzalo tan solo tenía 20 años y empezaba su carrera. Su esposa, María Cristina Trujillo de Muñoz, estudió en Los Andes licenciatura en Matemáticas y estudios en economía, y sus hijos son hoy en día egresados de la Universidad: el mayor, Santiago Muñoz Trujillo, de Economía, y el menor, Felipe Muñoz Trujillo, de Derecho.

 

En temas generales, según como él lo expresa, gracias a la Universidad de los Andes, Gonzalo ha estado vinculado en el sector público, como cuando era estudiante, en el Ministerio de Obras y un par de años después en el Ministerio de Transporte, manejando la dirección de transporte marítimo en la Flota Mercante. Allá, adquirió una gran experiencia que le ha permitido fortalecer sus competencias para encarar el reto que tiene como Viceministro de Defensa.

 

“Mi primer trabajo fue en el Ministerio de Obras, que hoy en día es el Ministerio de Transporte, en una de las entidades adscritas, que se llamaba Caminos Vecinales y que hoy ya no existe. Durante tres años, mientras fui estudiante, trabajé en la dirección de presupuesto y finanzas y luego en una dependencia de valorización. Y mi primer empleo ya graduado de la Universidad fue en Tubos Moore, una empresa industrial que fabricaba tubos de barro, tubería sanitaria, baldosas de arcilla. Fue una empresa muy famosa. El barrio Veinte de Julio se desarrolló a partir de la fábrica, ya que los obreros empezaron a mudarse a vivir cerca de la misma. Ahí aprendí temas de dirección, sindicatos, operación, fabricación, administrativos, de ventas y comercialización de productos, temas financieros y legales. Fue un buen lugar para aprender y adquirir experiencia”.

 

Cuando fue postulado para el cargo de viceministro lo pensó. Guillermo Botero, Ministro de Defensa, le ofreció el viceministerio porque quería que lo ayudara con el tema de las empresas. Para Gonzalo, decidirse le tomó una semana porque sabía que hacerlo le iba a cambiar la rutina a la que estaba acostumbrado. Y más por tratarse del sector público, que es exigente y presenta dificultades y temas complejos que deben tratarse con sumo cuidado, asumiendo grandes responsabilidades y toda una cadena de decisiones que es necesario conocer y estudiar para tomar las medidas más acertadas. Finalmente se dejó convencer, además, porque conocía al Ministro, quien también es uniandino y fue contemporáneo y compañero suyo durante la etapa universitaria.

 

“En este momento de mi vida, es un tema de gran interés, y me gusta porque es un tema empresarial. Estoy pendiente de cómo es el desarrollo militar, su filosofía, cómo son los grupos y su preparación, pero no solo en el tema militar sino en su administración y sus diferentes áreas. Algo muy interesante dentro de la actividad; y eso entusiasma para reconocer lo importante de las Fuerzas Armadas y sus integrantes. Especialmente, en este viceministerio del Grupo Social de Defensa y Bienestar, que reúne dieciocho entidades. Desde la industria militar, Satena, Cotemar, los fondos de retiro, el Fondo Rotatorio de la Policía, el Hotel Tequendama, el Hospital Militar, entre otras. Es una mezcla; prácticamente soy presidente de cada una de las juntas y hay que estar al tanto de todas las empresas en su estructura, sus finanzas, su actividad comercial, productiva, social; y eso demanda tiempo. Y además, dentro del viceministerio tengo cinco direcciones a cargo de treinta a cuarenta personas que apoyan esta actividad de desarrollo. Tenemos reuniones, comités y el contacto con las Fuerzas, y estas empresas lo que hacen es darle soporte a las Fuerzas: Ejército Nacional, Armada, Fuerza Aérea y Policía. Si bien cada empresa tiene su junta y su independencia, están ligadas finalmente a las Fuerzas Militares y son para eso”.

 

Gonzalo cree que algo de suma importancia es el reconocimiento que tiene la Universidad y sus egresados dentro de la opinión pública, dentro del empresariado colombiano, en el sector privado y en el público. Para él, en el sector público siempre está presente la Institución en distintas posiciones y actividades. En lo económico en particular, buena parte de esta área en el país ha sido representada y desarrollada por uniandinos. Por otra parte, el Alma Mater tiene un reconocimiento internacional importante como una de las mejores universidades del país. Eso sin duda ha sido vital para todos los egresados.

 

“Uno sigue vinculado, por lo menos emocionalmente, con la Universidad. Uno va a esas promociones que hacen cada año o cada dos años a visitar el campus. Nos hacen sentir parte de la institución todavía, y uno se encuentra con gente que hacía años no veía, además de ver la gran universidad que es y el desarrollo que ha tenido en estos últimos años. Estos reencuentros han servido para estrechar lazos y uno trata siempre de pensar en egresados de los Andes para desempeñar diferentes oficios u actividades.

 

Recuerdo que fui parte de Aexandes (nombre que antes recibía Uniandinos), pero con el tiempo, cuando uno se va vinculando a los oficios, se va alejando de eso. Sin embargo, Los Andes en los últimos treinta años ha tenido en cuenta a sus exalumnos, y así uno siente un vínculo muy estrecho con la Universidad”.

 

“Cuando empiezo a ver lo que hice años atrás, me doy cuenta que siempre traté de hacer lo mejor que pude y estar comprometido con la empresa o la actividad, intentando dejar una huella o un reconocimiento de que el trabajo que uno hace es bueno e importante para la compañía. Contar con un grupo de trabajo ha sido fundamental para mí, y ejercer un liderazgo con un equipo que esté comprometido y que le guste lo que está haciendo, además del acompañamiento. Y personalmente, la experiencia que he tenido es que muchas de las personas que trabajaron conmigo, hoy en día, tienen unas posiciones importantes y han desarrollado sus propias actividades, y me alegra saber que les haya ido bien y que uno haya escogido bien en su momento”. Hoy son muchos quienes agradecen y se han visto beneficiados por su trabajo y conocimiento.

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