SUSCRIBASE

¿Valor o humildad? Usted elija de qué se trata cuando a un hombre se le entrega la convicción de ser uno y se aferra a ella con su vida. Elija qué se necesita para dejar de ser lo que se prometió y reconocer que no logrará igualar a los que admira.


Escrito por: Yulieth Mora


Ese hombre es Federico Uribe, un artista plástico que a los 34 años remojó por última vez los pinceles y se animó a convertirse en escultor. Hoy radicado en Miami, este colombiano es elogiado por la prensa internacional, y sus inusuales esculturas, creadas a partir de objetos cotidianos, son valoradas en el ámbito artístico con euforia. Hablamos con él a propósito de su más reciente serie de esculturas, ‘Quedamos en paz’, una obra directa que evoca la vida con objetos que matan.

 

REVISTA SÉNECA: Decidió estudiar arte en la Universidad de los Andes. ¿Por qué eligió esa carrera y esta universidad?

 

FEDERICO URIBE: Creo que siempre quise ser pintor desde muy niño, así que no elegí; ya sabía. En ese tiempo no había muchas opciones, era la Universidad de los Andes o la Nacional. En los Andes no estaba establecido como una carrera, se llamaba talleres artísticos y esa parte informal me gustaba mucho. Como la facultad era nueva hubo, en ese momento, muy buenos profesores.

 

En un momento de su carrera, luego de ganar diversas becas, usted decide dejar la pintura y se dedica a hacer esculturas con objetos. ¿De dónde surge ese interés por objetos cotidianos?

 

Yo creo que yo no fui el pintor que quería ser. Trabajé mucho, con disciplina, y podría decir que aprendí a pintar. Sin embargo, pintar es como tocar piano, hay gente que toca y otra que aprende a hacerlo. Dejé de trabajar por unos meses y luego empecé a comprar objetos con los que construí otros objetos que eran casi todos relacionados con expresiones populares y algunos estereotipos literarios. Encontré en este medio las maneras de la manufactura y la libertad que en la pintura no encontré. Muy pronto le cogí confianza y comencé muy rápido a hacer objetos cada vez más grandes.

 

¿Cómo nació la idea de su obra 'Quedamos en paz'?

 

Hace cinco años hice mis primeros objetos con balas, los hice más pensando en la cacería que en otra cosa. La gente les da bala a los animales para matarlos, yo los hago de balas para reencontrar a través de esa poética el eco de la vida. Hoy por hoy volví a comenzar la serie pero teniendo en mente el Proceso de Paz, el peso de las armas en la cotidianidad. Es el reto de encontrar la belleza en este tipo de objetos asociados, por lo menos para los colombianos, con la guerra en la que todos perdemos.

 


Foto_Moris_MorenoFoto: Moris Moreno 

 

En 'Quedamos en paz' vemos animales, naturaleza. ¿Qué tienen que ver esas imágenes con su idea de la paz?

 

Siento que la intención de crear la belleza siempre tiene un principio en la naturaleza. Es de alguna manera la belleza conocida y conocible, y esa es mi prioridad e intención. También está en paz lo que está muerto, y todos hemos puesto muertos en Colombia. Ellos quedaron en paz de todas maneras. Mi intención es reinventarme una vida con el símbolo de la muerte, que si lo logro evocará más la vida que la muerte.

 

Usted está radicado en Miami. ¿Cuál es su relación con el país y con su situación actual cuando estamos tan próximos a tener un posible acuerdo de paz?

 

Todos los exilios, aún los voluntarios, son agridulces. Yo le debo a este país la carrera que he logrado; me ha proporcionado la tranquilidad para crear sin parar. Por otro lado soy beneficiario de políticas que no comparto y no entiendo, y eso no siempre es agradable. Admiro y respeto a las personas comprometidas con el Proceso de Paz y su intención, y espero que logren un acuerdo. El Proceso de Paz va a durar muchos años, sin importar lo que se firme, la cultura de la violencia nos es natural y tendríamos que reemplazarla por otra para resolver los problemas de otra manera. Yo tengo nostalgia por el país. Tengo una casa en Pereira, de donde somos, y cada día me gustaría estar más tiempo allí.

Foto: Moris Moreno Foto: Moris Moreno

 

Se le reconoce por ser un artista muy disciplinado que dedica mucho tiempo a sus obras, lo cual puede notarse. ¿Cuál de sus obras ha resultado ser todo un reto?

 

Todos y cada uno de los materiales son un reto. El día que logro manipularlos de tal manera que no me cuesten trabajo los abandono por otros. Uno hace objetos que son aciertos y otros que no. Los aciertos son más difíciles de hacer que los desaciertos, pues uno está tratando de convertir una sensación en una imagen. A veces esa imagen construida genera otra sensación distinta a la que estaba en tu corazón, lo cual es frustrante. No importa que el resultado sea estéticamente lindo o comercialmente viable. La felicidad está en lograr que tu idea sea igual a tu capacidad de manufacturarla.

 

Escucha audiolibros en su estudio. ¿Desde cuándo empezó?

 

Empecé hace como 20 años, ahora más disciplinado desde que vivo en Miami porque tengo más fácil acceso a ellos. He leído casi todo lo que está en el mercado en literatura clásica, leo historia y ahora literatura contemporánea. Estoy haciendo la tarea de escuchar Premios Nobel de Literatura. No sé qué queda, me acuerdo de poco, pero es el placer de transportar tu mente a otra parte. Asumo que en alguna parte de mi trabajo está la presencia de la literatura, pero no sé exactamente cómo. No creo nada a partir de especulaciones racionales, ni para informar a nadie de nada. Parto de sensaciones y pienso en imágenes que manipulo en mi cabeza hasta lograr que se parezca a una imagen. Siento que el arte habla en un lenguaje no verbal o verbalizable; algo dice que uno siente, no que uno entiende.

 

Ha usado lápices, ganchos, balas, cordones, tenedores, entre muchos otros objetos. ¿Qué objeto no ha usado y está tentado a hacerlo?

 

No pienso en eso. Me gustaría hacer esculturas monumentales con carros y con maquinaria pesada, porque siempre los veo como animales, como insectos gigantes, pero yo solo hago cosas que puedo financiar y eso está fuera de mi alcance todavía. Lo que puedo hacer lo hago sin parar. Ahora estoy concentrado en las balas pero al mismo tiempo siempre estoy haciendo experimentos con otras cosas que tienen otros pesos simbólicos. Todos tenemos memoria emocional con los objetos. A mí me gusta la idea de que sobre esta memoria se pueda crear otra manera de acercarse a las cosas, pensar que lo que uno cree siempre puede ser diferente, entenderse diferente, verse diferente.

 

Vídeo tomado de Euronews

Otros articulos de esta edición

Ellas han marcado la historia y han demostrado la grandeza de ser mujer.

Edición 36 | 195 visitas
Artículos relacionados

Ellas han marcado la historia y han demostrado la grandeza de ser mujer.

Edición 36 | 195 visitas