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Ya lo dijo la experta en urbanismo Jane Jacobs: “Las ciudades tienen la capacidad de darles algo a todos, solo si y solo cuando se construyen entre todos”. Es por eso que la Revista Séneca les pidió a cuatro de sus afiliados reflexionar sobre su vida en la ciudad. Conozca sus opiniones.


Escrito por: Redacción Séneca


 

 

   

 

 

 

 

 

 

 

Julie Pinzón 
30 años

Administradora de Empresas de la Universidad de los Andes 

 

“Siempre he vivido en Bogotá. Alguna vez viví en Miami -y voy a decir la cosa más loca pues creo que nadie diría eso- pero extrañaba Transmilenio porque el transporte público de Miami es terrible. Es una ciudad hecha alrededor de los carros, y para encontrar la estación más cercana te toca caminar por lo menos hora y media. Lo que más extrañé es que acá en Bogotá, mal que bien, en ese momento y sin contar con el tráfico, es relativamente fácil moverse. Más que un lugar, de Bogotá me gusta la zona de El Virrey, la 93 y la 85 porque hay de todo y es de las más bonitas de Bogotá. Encuentras centros comerciales, bares si quieres salir de rumba o una variedad de restaurantes si quieres comer, como también zonas de vivienda para diferentes tipos de familia. Además es central. Cuando me voy de viaje y llego desde el aeropuerto por la calle 26, es emblemático y siento que estoy otra vez en mi casa”. 

 

¿Un lugar para leer?

La Biblioteca Julio Mario Santo Domingo. 

 

¿Un lugar para descansar?

Mi casa.

 

¿Un lugar para comer?

Wok.

 

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Andrés Jaramillo 
26 años

Ingeniero Industrial de la Universidad de los Andes 

 

“No siempre he vivido en Bogotá. Yo soy de Cali y mi familia es de Manizales y Pereira, pero crecí en Venezuela; son muchas culturas. Me mudé a Bogotá para estudiar en la universidad. Esta ciudad es mi hogar y ahora vivo acá con mi familia; es donde hago negocios, donde está nuestra empresa. Lo negativo de Bogotá es el tráfico, es una ciudad con mucha gente, afanada, angustiada, un poco intolerante. Experimento Bogotá cada vez que voy de mi casa al trabajo. Los fines de semana paseamos por el centro comercial, aunque prefiero salir de la ciudad, tal vez a jugar golf o a dar una vuelta por Zipaquirá, Cajicá o La Calera”. 

 

¿Un lugar favorito de Bogotá?

El parque de la 93. 

 

¿Un lugar para bailar?

Hace rato no voy pero recomiendo Galería Café Libro. 


¿Un lugar para caminar?

Yo camino todos los días de mi casa al trabajo y viceversa –una caminata de una hora- pero a veces los andenes son muy disparejos y te puedes lastimar. Yo creo que el mejor lugar para caminar son los parques de El Virrey, Chicó, la 93 y el Simón Bolívar. 

 

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Fernando Isaza 
30 años

Administrador de Empresas de la Universidad de los Andes 

 

“Me he ido de intercambio a Estados Unidos dos veces que en total suman un año y medio. La primera vez que me fui, volví a Bogotá y siempre estuve viendo lo malo de acá y lo bueno de allá. Me quedé aquí cinco años en los que siempre quise volver a irme, pero cuando me fui a New Orleans, tras haber terminado la universidad, tuve el efecto contrario. Yo quería volver a mi idioma, a mis costumbres, a mi jugo de lulo, al jugo de naranja todas las mañanas. Extrañé mucho la comida, y las diferencias culturales que tanto me deslumbraron empezaron a molestarme. La superficialidad que empecé a ver… Decidí quedarme en Bogotá porque aquí me siento en mi salsa, en mi casa. Allá, por más maravilloso y deslumbrante que fue para mí, me sentí como visitante. Siempre pongo el ejemplo de que es algo así como quedarse en la casa de una tía: puede ser la tía favorita, la que lo consiente, pero uno nunca va a abrir la nevera con la misma confianza”.

 

¿Lo más bogotano?

La ciclovía.

 

¿Un lugar para descontarse?

La Calera, para ver todo desde arriba. 

 

¿Un lugar para rumbear?

Full 80’s.

 

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Manuel Cardozo 
55 años

Ingeniero de Sistemas de la Universidad de los Andes


“Soy chirriado chapinerudo. Llevaba toda la vida en Bogotá y esta es la ciudad donde nací y crecí. Esta ciudad la vivo de diferentes maneras, desde lo familiar, lo laboral, lo deportivo y lo cultural, en medio de lo cual Uniandinos es una conexión de crecimiento profesional y de relacionamiento social. He sido miembro de la Tuna de los Andes por más de 15 años y tocamos música colombiana, boleros y pasos dobles. Durante el gobierno de Peñalosa –hace años- tuve que viajar bastante a Buenos Aires, Quito y Caracas, y en esa época tuvimos una ciudad fuerte que avanzaba y les llevaba ventaja a estas otras ciudades, pero infortunadamente eso paró. Transmilenio ha llegado a convertirse casi en un peligro hoy en día. Últimamente nos mudamos a un pueblo y estoy feliz allá, en Tenjo. Llegas en carro, parqueas, y todo está cerca, tienes una vida natural con su ambiente, mientras que aquí se volvió complicado. Me encantaría que la ciudad cambiara de enfoque. Yo me horrorizo de ver cómo pasan y pasan los años y la ciudad no madura, no aprende con respecto al crecimiento de una ciudad”.

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